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martes, 27 de noviembre de 2007

El tiempo de la desesperanza

Trascurrieron, los días, las semanas y los meses, y no volví a saber de esos ojos claros; mi mundo de sueños, tropezó con la realidad; y aquella nube que me acompañaba se la llevo el fuerte viento, las estrellas no volvieron a guiar mi camino, aquel árbol que en un momento me cubrió con sus ramas, lo alcanzo el otoño, y aquella piedra no volvió a decirme más; todos aquellos senderos que me llevaban hacia ellos, desaparecieron.

El tiempo pareció haberse detenido sin ningún motivo, mis días se hicieron pasajeros, y la realidad cubrió con un velo la ilusión; y mis ganas de volver a verlos, sucumbieron ante la necesidad de encontrar una razón para seguir mi camino.

Tropecé mil veces y las mil veces me volví a levantar, trate de cambiar mis sueños rotos por estrellas fugaces, pero solo recibí olvido y desesperación, trate de ocultarme entre las sombras y solo pude hallar soledad.

Deje de creer en el amor, deje de creer en mis sueños, quite de mi corazón aquella pequeña ilusión. Empecé a andar sólo, y así mis noches se hicieron más largas, no había que pensar, mi alma se sintió vacía y cada segundo que pasaba se convertía en eterno.

Algunas tardes salía a caminar, otras tan sólo, compartía con la soledad mi tristeza que embriagaba mi corazón, algunas veces sentí correr gotas de lluvia en mis mejillas, no podía evitarlo. Toda aquella tristeza de a poco fue ahogando mis líneas y convirtiéndose en olvido, todo aquello que en algún momento creí importante, lo olvidé.

Caminado por aquel sendero, encendí un cigarrillo y un par de lágrimas rozaron mis mejillas. No sé porque pero de pronto sonreí, y vinieron a mi mente todos aquellos momentos felices, que aunque fueron pocos, los pude recordar, salí de mi letargo, terminé el cigarrillo y volví a casa…